PARIR EN CASA
Parir en casa es un acto de responsabilidad profundo, hacia mi alma, hacia la de mis hijos...
Traer al mundo a mis hijos en su hogar es un requisito vital, sin luces de neón sin batas blancas ni mascarillas, con besos, abrazos, calor humano y mucho pringue, pringue emocional, pringue existencial...
Con dolor, dolor de las entrañas, ese dolor que te hace sentir vivo, presente, aquel que te recuerda quan hazaña está ocurriendo! Porque traer al mundo a un bebé es un milagro, es un acto tan natural como crearlo. Es un acto de poder, un poder natural que debemos devolvernos. Sólo nosotras podemos parir-los, ni médicos, ni enfermeras, ni comadronas, solo lo podemos hacer cada mamá de cada hijo.
Y el poder sale y crece. de dentro a fuera...
Parir en casa es respetarlos, es quererlos profundamente, es querer que su alma recoja ese poder y decida.
Mis dos hijos nacieron en casa.
Uno me enseño a confiar, abrió esa puerta a mi poder interior, a mi poder de mujer y la dejó abierta... del segundo aprendí a esperar lo inesperado y abrió aun más esa puerta, la puerta del yo puedo. Todo está en mi "lo bueno", "lo malo" porque todo es lo mismo.
Creer es crear.